Los impuestos que pagan las empresas en España

Los impuestos son uno de los elementos más importantes en la economía y en la construcción del estado de bienestar en un país. En España estos se dividen en varias categorías, pero los principales son el IRPF, el IVA y el Impuesto de Sociedades. A continuación, un detalle sobre todos ellos, su impacto en el día a día de una compañía y cómo se clasifican en el flujo de caja.

Tipos de impuestos que pagan las empresas en España

En España las empresas deben hacer frente a una variedad de tributos que intentan asegurar que cada actividad económica esté controlada.

Impuesto de Sociedades

Este tributo lo pagan todas las empresas que residen en el país, que tienen la sede social en el mismo o se crearon en España. El concepto es sencillo, ya que fiscaliza las ganancias conseguidas en un año. Se establece en un 25% de forma genérica, aunque como veremos más adelante, existen diferencias que pueden afectar a este número.

Funciona presentando una declaración, incluso cuando no ha habido actividad económica. Su forma es la de un pago anual que se abona al acabar el año natural, aunque también puede dividirse en varias partes. Cuando una empresa ingresa más de 6 millones de euros, el abono es por ley fraccionado, ya sea cada mes o por trimestres.

Impuesto sobre el Valor Añadido o IVA

Es el impuesto indirecto más famoso en España y afecta incluso a productos que pasan por proveedores. Esto explica por qué es posible que varias personas paguen por el IVA de un mismo producto. Es un impuesto difícil de gestionar, debido a que es pagado tanto por empresas como por consumidores. Existen varios tipos dentro de esta categoría, que se aplican a distintos tipos de mercancías, intentando penalizar o bonificar el consumo de algunos productos.

Para empezar, está el IVA general, del 21% y que afecta por defecto a cualquier bien o servicio en España. Luego tenemos el IVA reducido, que se queda en un 10% y está pensado para diferentes alimentos, transportes, venta de inmuebles, agua, prótesis, productos médicos. El IVA superreducido está en el 4% y está pensado para los alimentos más básicos de la dieta, los medicamentos, libros, VPO, elementos para minusválidos, entre otros.

Por último, encontramos una lista de productos y servicios que están exentos de pagar el IVA. Hablamos de operaciones de seguros, mediación, productos financieros o sellos de mensajería.

Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas o IRPF

Este impuesto está relacionado con las personas físicas y los autónomos, por lo que en principio las empresas no lo pagan. No obstante, tienen la labor de regular dicho impuesto, ya que muchas personas reciben su renta por su trabajo en empresas. Este impuesto se tramita a través del formulario modelo 111, que se encarga de hacer retenciones a efectos. Luego, también es necesario entregar el formulario 190 a la Agencia Tributaria, con fines ligeramente distintos al 111.

Impuesto sobre Actividades Económicas o IAE

Se encarga de gravar la actividad económica de personas físicas y jurídicas. A pesar de esto, hay excepciones a las que se pueden acoger múltiples sectores como los ganaderos, agricultores, forestales, enseñanza reglada u ONGs. Otra excepción muy común y transversal a cada sector es que las empresas que tienen menos de un millón de euros de volumen neto, no pagan el IAE.

El tipo que se aplica depende también de la propia actividad que se realice. Es la Ley Reguladora de Haciendas Locales la que detalla los apartados en los que se especifican las tarifas y cuotas en cada caso.

Diferencias en los impuestos según el tipo de sociedad

En España hay diferencias que pueden llegar a ser notables entre los impuestos reales que llegan a pagar las pymes y las grandes empresas. La mayoría de debates se centran en lo que tiene que ver con el Impuesto de Sociedades y sus defectos.

Diferencias en el Impuesto de Sociedades

En este tributo, las grandes empresas aprovechan para reducir la base imponible, utilizando también deducciones a posteriori. En porcentajes quizás no se aprecie tanto, pero sí es significativo en cuanto al volumen de negocio.

El proceso es más sencillo de lo que parece. A la cuota íntegra se le restan deducciones por inversión, por creación de empleo y otros parámetros. Muchos de estos criterios resultan más fáciles de cumplir por las empresas grandes que por las pequeñas.

Los tipos efectivos se aplican de forma diferente según el tipo de empresa, no de forma directa, sino como resultado de las desigualdades que planteamos. Las empresas sin empleados pagan un 7,5%, las microempresas o de menos de diez empleados un 14,8%, las pequeñas (entre 10 y 50 trabajadores) un 18,8% y las medianas (entre 50 y 250) aportan un 13,7% de los ingresos.

En las empresas más grandes, es decir, aquellas que tienen más de 250 trabajadores, las circunstancias cambian. En las sociedades de entre 250 y 1000 trabajadores las contribuciones se quedan en un 16%, las empresas de la franja entre 1000 y 2500 pagan un 9,5% y las que tienen entre 2500 y 5000 un 8,7%. El dato se complementa cuando observamos que las empresas de más de 5000 empleados pagan solo un 4% de tipo efectivo.

Estas desigualdades se acaban cubriendo con las aplicaciones de tributos como el IAE y otros que dirigidos únicamente a las grandes compañías, pero no siempre la teoría es llevada a la práctica.

Cómo clasificar los impuestos en el flujo de caja

El flujo de caja es uno de los elementos principales en las empresas, que permite obtener visibilidad de las entradas y salidas de dinero en un momento determinado. Dentro de las salidas, se deben considerar los impuestos.

Los impuestos fijos sabemos que permanecerán así, al menos durante un tiempo. En los proyectos empresariales se debe considerar un futuro que vaya más allá de lo inmediato, por lo que se debe pensar en las aportaciones en impuestos en los siguientes años. Así sabremos que de forma genérica, entre los impuestos fijos, como el de Sociedades, tendremos que abonar un porcentaje aproximado de los ingresos al fisco.

En el caso del IVA, este se aplica sobre el consumo de bienes y distintos tipos de servicios. El cálculo del flujo de caja del IVA es diferente al caso del Impuesto de Sociedades o del IRPF, debido a que es más complejo. El principal motivo es el crédito fiscal que interviene en este caso.

Es importante recordar que al pagar un servicio o producto, abonamos una parte en concepto de IVA repercutido, que es retenido por el vendedor. Este tendrá que hacer frente al pago de estos impuestos posteriormente, por lo que guarda este dinero. Así, nos aseguramos de que el flujo de caja se mantiene estable y cada cantidad va destinada al pago de los tributos que corresponde. Esto también debe hacerlo un empresario cuando es a él a quien le compran un producto, pagando IVA por él. El IVA es uno de los impuestos más complejos, por lo que también se divide a su vez en IVA repercutido e IVA soportado.

Entender que algunos impuestos se clasifican como fijos y otros son variables es esencial para mantener un flujo de caja ordenado y seguro. De lo contrario, es posible incidir en irregularidades que en el caso del fisco, pueden repercutir en multas que penalicen aún más a la empresa.

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